sábado, 8 de agosto de 2015

Hablemos de Abuelos....

Hablemos de Abuelos....











Autor: Salvador I. Reding Vidaña | Fuente: Catholic.net


Dentro del cuadro familiar de los peques, están esos seres a quienes todos parecen querer, son “los abuelos”. Antes, cuando las familias “ampliadas” vivían juntas, los abuelos eran cosa de todos los días, pero ahora, cada vez más, viven aparte. Visitar a los abuelos, o recibirlos en casa, es ya parte de la vida familiar, a veces casi como una ceremonia.

Los abuelos no son como los papás, en general son más amorosos, les gusta apretujarlos, darles muchos besos, les sonríen y sonríen, les dicen que cómo han crecido y qué bien se ven con esa ropa. Pero también les gusta darles dulces y pequeños regalos que saben gustan a sus nietos. También regañan, pero bonito.
Pero los abuelos hacen algo más: saben muchas cosas que los peques ni se imaginan, y las cuentan muchas veces casi como magia de ensueño. Sus historias de lo que pasó hace tiempo, llegan a sonar como los más hermosos cuentos de hadas madrinas y príncipes azules, o como las hazañas de los jóvenes héroes que vencían dragones.

Las historias de los abuelos pueden ser también muy divertidas, como cuando “confidencialmente”, les platican esas aventuras de cuando sus papás eran niños, con travesuras, diabluras y otras cosas, que los papás nunca les hubieran dicho. Cómo se ríen los peques cuando descubren cómo sus papis pasaron su niñez, y cómo les fue en la escuela.

Peor aún, para tortura de los papás, los abuelos les platican, como si fuera la mejor comedia de la tele, las primicias novieras de sus papás. ¡Qué divertidas se dan con eso! Pero los abuelos saben también muchas, pero muchas cosas de todo, todo. ¡Saben más que papá y mamá y los profes… juntos! De esas cosas que ya no se ven, de cómo se divertían sin la compu y los juegos electrónicos.

 Cantan bonitas canciones o tararean hermosas melodías de su juventud. Con todo lo que saben, dan muchos consejos, a veces de cosas que los peques ni siquiera imaginan. Sí, para los peques, los abuelos son fuente de cariño, mucho cariño, de orgullo de los logros de todo tipo de sus nietos, y son… sabios.

 Pero son también “viejitos”, o al menos se van haciendo viejitos como los abuelos de las películas, toman medicinas raras y empiezan a tener problemas para leer, oír y correr… cada vez menos o nada.

 Pero para los peques que tienen la dicha de tener abuelos, la vida les da algo que ninguna otra persona les da, ni los papás, o los tíos, o los profes o la gente que sale en la tele.


Los abuelos dan ternura, tienen muchas fotos y cosas de recuerdo que mostrar y mucho, pero mucho que contar.

 Dichosos pues los peques con abuelos, estos son como un regalo de Dios, para hacerlos felices y ayudarles para que también, algún día, sean también muy sabios con sus propios nietos.





Los abuelos construyen infancias, en silencio y cada día. Son incomparables cómplices de secretos. Malcrían profesionalmente porque no tienen que dar cuenta a nadie de sus actos. Consideran, con autoridad, que la memoria es la capacidad de olvidar algunas cosas. Por eso no recuerdan que las mismas gracias de sus nietos las hicieron sus hijos. Pero entonces, no las veían, de tan preocupados que estaban por educarlos. Algunos todavía saben jugar a cosas que no se enchufan.

Son personas expertas en disolver angustias cuando, por una discusión de los padres, el niño siente que el mundo se derrumba. La comida que ellos sirven es la más rica; incluso la comprada. Los abuelos huelen siempre a abuelo. No es por el perfume que usan, ellos son así. ¿O no recordamos su aroma para siempre?

Los chicos que tienen abuelos están mucho más cerca de la felicidad.

Finalmente, y para que sepan los descreídos: los abuelos nunca mueren, sólo se hacen invisibles.



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