sábado, 29 de agosto de 2015

Íncubos y súcubos, los demonios del sexo







INCUBOS & SUCUBOS - LOS DEMONIOS DEL SEXO

Los demonólogos definen a los íncubos 







(término que significa “me acuesto sobre ti” y que procede de la palabra latín “Incubare”: yacer) como demonios impúdicos y lascivos que cohabitan sexualmente con mujeres, sin distinción de estado ni edad, para arrebatarles su energía vital.
Asociados por sus características a los djinn árabes y los sátiros griegos, la apariencia de estos seres infernales es bastante variable, dicen los investigadores. Se les representa a veces como un enano, un hombre alto y delgado o incluso como un joven bien apuesto y bien parecido, que no busca la seducción, sino que despertar en su víctima femenina los instintos sexuales más bajos y primordiales. En todos los casos siempre se les cataloga de amantes consumados o expertos.

incubo
Varios nombres de íncubos han sido registrados a la largo de la historia (Zabulón, Isaacaro, Belaam, Alpiel, Efelios o Leviatán). Y aunque existen varias teorías sobre su origen, se asegura que descenderían de los nefelines, ángeles caídos en desgracia que engendraron una raza degenerada.
El teólogo San Agustín de Hípona, a este respecto, postuló que el pasaje de Génesis 6:4 se refería al hecho de que los ángeles caídos habían tenido hijos con mujeres mortales. Del mismo pasaje, el papa Benedicto XIV (1740-1758) declaró: “Este pasaje hace referencia a los demonios conocidos como íncubos y súcubos (demonios femeninos del sexo)”, agregando que “algunos autores niegan que no puede haber descendencia…otros, sin embargo, afirman que el coito es posible, por lo que puede haber lugar para la procreación”.

Asalto sexual nocturno
Hay unanimidad en que el modus operandi del íncubo es casi siempre el mismo. Por lo general se cuela en la mente femenina para sembrar la lujuria, provocando en la víctima sueños eróticos, pensamientos de lubricidad desviada o exagerada antes de atacarla. Luego de algunas noches de seducción, el íncubo se materializa y copula con la mujer, provocándole un estado de parálisis momentánea. Estos coitos, por cierto, han sido descritos como salvajes y placenteros, en una verdadera vorágine de orgasmos que mezcla momentos de lucidez y horror. El placer sexual de las víctimas, en todo caso, es pasajero y desaparece apenas el íncubo se ha retirado de la alcoba. A la mañana siguiente, la víctima no recuerda casi nada, salvo que ha tenido un sueño erótico, brutal y extraño.
Cuando el íncubo comienza a relacionarse sexualmente con su víctima y comienza a robarle su energía vital noche tras noche, el demonio se va haciendo cada vez más fuerte mientras que la víctima se debilita progresivamente, llegando en ocasiones a sufrir una muerte repentina y violenta ocasionada por la falta de energía vital o, incluso, por el intenso placer sexual que su cuerpo, ya consumido, no puede soportar.
Los íncubos, contrario a lo que pudiera pensarse, atacan por lo general a todo tipo de mujeres. Atractivas o poco agraciadas, jóvenes o mayores, solteras, casadas o viudas, enfermas o sanas. Estos seres, sin embargo, dada su naturaleza infernal, preferirían copular con mujeres de fe, especialmente monjas y novicias (los relatos medievales aseguran que estos seres, para estos efectos, se disfrazaban con ropas del clero durante sus asaltos nocturnos).
Los demonólogos aseguran que en algunos casos la víctima podía quedar embarazada de estos seres infernales, dando a luz posteriormente a bebés muertos, mal formados, retrasados o perversos (muchas leyendas medievales aseguraban que el legendario Mago Merlín era hijo de un íncubo y una prostituta, aunque otros creían que su madre era una monja o una reina de Gales del Sur).
En Sudamérica los íncubos tienen varios equivalentes en las mitologías locales. Es el caso del “Trauko” en Chile (un enano contrahecho que gusta de seducir a las jóvenes púberes), el “Boto” en Brasil (un agraciado joven de traje blanco), el “Kurupí” en Paraguay (un ser mitológico con un miembro gigantesco que secuestra mujeres para violarlas), el “Mohán” en Colombia, el “Tintín” o “Chusalongo” en Ecuador, el “Sombrerón” en Guatemala, el “Cipitío” en el Salvador, el “Zángano” en Panamá, el “Zangaretón” en Venezuela y el “Rauel” en México.











Seres seductores y subyugadores



Si bien tanto los íncubos como las súcubos (demonios femeninos) buscan drenar la energía vital de sus víctimas, muchos especialistas aseguran que estos dos tipos de seres infernales se diferencian en la subyugación que a veces puede sentir la mujer demonio. Es decir, mientras el incubo no muestra apego alguno por aquellas víctimas femeninas a quienes toma como amantes, algunas súcubos podrían demostrar obediencia o incluso cariño al ser humano a quien tomaban por compañero.
Aunque la tradición judeocristiana y otras culturas religiosas han considerado a los íncubos y a los súcubos como seres malignos, las teorías psicológicas actuales sólo los consideran como la proyección mental de la sexualidad reprimida o lujuria de los durmientes.
El famoso escritor norteamericano William Burroughs, que gustaba de poblar a algunas de sus novelas de seres extraños, explicaba que “los íncubos y súcubos pueden ser dañinos y destructivos. Como con cualquier situación sexual, el peligro depende de cómo lo manipules. Todo sexo es potencialmente peligroso, porque nuestros sentimientos sexuales nos hacen vulnerables. ¿Cuánta gente ha sido arruinada por un amante? El sexo conlleva puntos de invasión y los íncubos y las súcubos simplemente nos hacen intensamente conscientes de esto. El sexo es físico. Si fuera posible para cualquier persona pulsar un botón que hiciera aparecer a un íncubo o un súcubo, creo que la mayoría de la gente preferiría tener relaciones sexuales con uno de estos demonios a tener aburridas cópulas con la gente normal”.

Sensación de presencia: sensación de una o varias presencias en la casa a las que se considera como «intrusos». Es una impresión neutra acompañada de aprehensión y temor. Se presupone la presencia sin necesidad de corroborarlo sensorialmente. En algún momento sienten que la presencia se mueve, entra en la habitación, puede acercarse a la cama, incluso sentir presión en el colchón. La mitad de las personas relatan que saben que son observados fijamente, pero no saben identificar desde dónde.



Presencia amenazante: los encuestados interpretan que la naturaleza de la presencia y el ambiente que la rodea de peligrosa o malévola, y que intenta la posesión (a veces el rapto o abducción en el caso de los visitantes de dormitorio). Se acompaña de un fuerte sentimiento de terror, peligro y urgencia; necesitan despertarse lo más pronto posible. Este estado de pavor no siempre se asocia a la posibilidad de sufrir daño físico, sino más bien al sentido misterioso particular de la maldad que desprende la entidad. Se siente la amenaza de fuerzas sobrenaturales y demoníacas que buscan robar el alma o poseer el cuerpo del durmiente.

Alucinaciones visuales: más o menos vívidas, inconstantes, vagas e indefinidas, cercanas a la pseudo-alucinación; el estímulo externo percibido se reconoce como real. En el caso de la presencia, está queda fuera de la vista, o en la periferia del campo de visión, o camuflada entre las sombras del cuarto; en algunos casos se relatan imágenes detalladas de objetos y seres como fantasmas, figura oscura a los pies de la cama, esqueletos, calaveras, etc.

Alucinaciones auditivas: al igual que en las visuales se tiene la convicción de que los sonidos son reales, y que provienen del exterior más que de su mente. Son sonidos elementales, mecánicos e intensos, como zumbidos, rumores, siseos, correteos, rugidos, campanadas, golpes, vibraciones, silbidos, chillidos, rechinadas y gimoteos. En otros casos son sonidos identificables concretos como timbres de teléfono, sirenas, herramientas, motor eléctrico, golpes de puerta, arrastrar de muebles, vidrios o vajilla rompiéndose, música extraña, sonido de radio con ruido blanco o que recibe varias estaciones, sonidos de viento, rugido de olas del mar, etc.; las voces humanas son el sonido más frecuente en un 37 por ciento de los casos, en forma de griterío o leves susurros, sin mensaje identificable ni claro.

Alucinaciones táctiles: comunes y relacionadas con la presencia intrusiva; incluye la sensación de que el colchón se hunde, que alguien se sienta, que le retira las sábanas o que la agarra de las manos.

Dificultades respiratorias: sensaciones de presión en el pecho, dificultad para respirar, estrechez alrededor del cuello como si fuera estrangulado, y sensaciones de sofocación y asfixia; estas percepciones pueden explicarse por la parálisis de los músculos voluntarios; el estado de sofocación produce gran angustia, pánico y temor de morir asfixiado. Los ataques físicos en este sentido se asocian igualmente a la presencia maligna Algunas fuentes indican que puede ser identificado por su antinatural frío pene.2 La tradición religiosa sostiene que tener relaciones sexuales con un íncubo o súcubo puede resultar en deterioro de salud, o incluso hasta la muerte.3 Las víctimas viven la experiencia como un sueño sin poder despertar de éste.Bien ahora les explico............

Como explique en mis temas anteriores la energía sexual tiene un rol fundamental en lo que es en nuestro camino espiritual, el sistema nos estimula de todas formas para estrujarnos.
Los súcubos e íncubos son entidades astrales la cual su verdadero rol es tratar que eyacules en el sueño a través de sueños húmedos, sensaciones de ser tocado físicamente a tal grado de poder sentir como te tocan mientras tu estas inmovil (casi una violación).
Las principales víctimas de íncubos y súcubos son personas que practican la castidad científica, o que practican el celibato, transmutación alquimista de energía sexual o cualquier otro método para no expulsar dicha energía.

por lo tanto si eres una persona que se masturba con frecuencia y tienes parálisis del sueño lo más seguro es que no atraigas estas entidades.

quizás lo veas como un alivio pero por estar casi seguro que no experimentaras la visita de un súcubo por el hecho de derramar energía sexual constantemente otro punto de vista puedes darte cuenta que no eres ninguna atracción para estas entidades ya que vendrías siendo como una PASA bien seca, una ampolleta sin energía, un saco de carne sin sangre.

El objetivo que vendrían teniendo los súcubos e íncubos es tratar de aprovecharse de la parálisis del sueño para atacarnos y estos hacen contacto con la esencia durmiente y hacer que derrame la energía sexual que ha estado guardando.

Esto por supuesto es muy malo para quienes practicamos la castidad científica por lo mismo es muy importante no alimentar nuestra mente con deseos sexuales por que nos ínsita a ser visitados en las parálisis.

Por un tiempo estuve deseando mucho dominar esta experiencia e incluso hasta sentirme cómodo al sentir a esta entidad acostarse al lado mío, pero hace poco cuando descubrí que eran estas entidades oscuras construida por la energía egoica espero no volver a experimentarlo más.

yo cuando comentaba mi experiencia con las parálisis admito que me daba vergüenza admitir que me sentía cómodo cuando sentía estas entidades... ya que hacen levantar las bajas pasiones en el sueño pero ahora entiendo lo grave que es.


Así que cuidado a todos los usuarios que practican algún que lleve al cuidado de la energía sexual.
Para esto encontré una forma de combatirlos

en los rituales de alta magia que se realizan en liturgias Masónicas, Wiccanos, Gnósticos, hare krishna, cristianos. O en las santas unciones casi siempre se utilizan flores.
Estas flores se merman de energía sacra o divina o como quieran llamarle (la argumentación científica de esto lo explicare en otro tema)
los pétalos de estas flores pueden pedírselos a los oficiantes de estas religiones casi siempre se regalan para poder utilizarlos en baños.

Pones los pétalos a hervir en una olla y después los hechas en la tina y tomas un baño con esta agua.

Esta es la única y efectiva solución para combatir las huestes tenebrosas. 

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